• El bono catástrofe sevillista

    by  • 3 marzo, 2014 • Economía, Fútbol, Miscelánea, Sevilla • 5 Comments

    (Escuchando de fondo “Family Affair” de Sly and the Family Stone )

    Veía un reportaje el otro día sobre estas semanas de copiosas lluvias por toda Europa que está generando inundaciones desconocidas en los tiempos recientes en sitios como, por ejemplo, Gran Bretaña donde estuvo a punto de desbordarse el Támesis. Entre otras cuestiones el reportaje hacía referencia a las numerosas indemnizaciones que tienen que soportar las compañías aseguradoras por los siniestros derivados del temporal. Viendo el reportaje recordé un producto financiero curioso sobre el que algo leí en su día: el bono catástrofe.

    En este mundo mercantilizado sobre prácticamente todo se puede hacer dinero. Nuestro querido fútbol no es una excepción como alguna vez hemos hablado en materia de apuestas (ver Bernouilli I y Bernouilli II) o incluso desde el punto de vista bursátil y/o financiero (a modo de ejemplo, la emisión de deuda del Oporto o las acciones del Ruch Chorzow) Para el inversor hay vida más allá del IBEX 35 y el uso de una materia que mueve tanto dinero como el fútbol, no lo puede ser menos. Como digo, uno de esos productos “extravagantes” que me llamó la atención fue los bonos catástrofes. Tú compras este tipo de bonos y ganas o pierdes dinero dependiendo de como actúe la madre naturaleza.

    Yo no sé, como decía el genio, dónde estaban ustedes en el 92. Pero mientras en el periodo canicular algunos adolescentes sevillanos cafreábamos de forma inocente en la gloriosa plaza Sony, en Estados Unidos sufrían las consecuencias devastadoras del Huracán Andrew lo que supuso desembolsos millonarios para distintas aseguradoras hasta el punto que 11 de ellas quebraron. Y ese desastre fue la chispa que se encendió en el magín de un tiburón: ¿por qué no crear un instrumento financiero vinculado a los desastres naturales?

    Así nacieron los “bonos catástrofes” que se mueven en rentabilidades altas (en torno al 10 %) Su funcionamiento es frío y despiadado, pero necesario de explicar. Por ejemplo, tú puedes invertir en un bono catástrofe referenciado a una aseguradora “apostando” porque en San Francisco no va a haber un terremoto de equis magnitud en la escala de Richter en los próximos tres años. ¿Qué pasa si hay terremoto en ese tiempo? Que pierdes tu dinero, el cual será usado por la aseguradora para las indemnizaciones ¿Y si no hay terremoto? Pues que la aseguradora te devuelve el principal, más un porcentaje. De igual forma, y mezclándolo con el fútbol, decir que se realizó una emisión de “bonos catástrofe” del Mundial 2002 por si finalmente un seísmo en Corea o Japón impedía su realización. Me van a permitir que corra un tupido velo sobre los riesgos, la ética y, sobre todo, la escalofriante posibilidad de que la mano del hombre puede “ayudar” a la realización de un desastre natural para ganar dinero (no seré más explícito)


    (larazon.es)

    El fútbol no tiene memoria es la típica frase usada por los huidizos de la autocrítica y mediocres amantes del cría fama y échate a dormir. El buen aficionado tiene memoria, claro que sí. El sevillista tiene memoria, para lo bueno y para lo malo. Con la evidente injusticia que supone cualquier generalización, me atrevería a decir que en nuestras señas de identidad está el ser exigentes y autocríticos partiendo de una idiosincrasia y una forma de ser bastante definida dentro de que, lógicamente y como somos tanta gente, también tenemos nuestros llorones, autocomplacientes y excusevillistas por sistema cegados por presuntas conspiraciones judeomasónicas arbitrales o federativas contra nuestro club. De todo tiene que haber en la viña de Nervión. Y aunque en época jimenil y al rebufo de los éxitos se nos intentó anestesiar desde el club (con un evidente fracaso como no podía ser de otra forma), entiendo que la rebeldía ante ello y la defensa de unos valores exigentes tampoco pueden conllevar la sinrazón gratuita que implique el no reconocer quienes somos, de donde venimos y hacia donde vamos.

    El expresidente del Nido en una de sus sentencias más famosas dijo “quiero un Sevilla donde una derrota sea una crisis”. Eso, por un lado, no se ha conseguido ya que el club lejos de seguir creciendo, va dando pasitos para atrás como lo muestra la frialdad de la mengua presupuestaria y cifra de negocios y la calentura de unas clasificaciones ligueras mediocres en los últimos años. Y, por otro, en el fondo no era más que metáfora que como tal no debe tomarse al pie de la letra. Lo que el expresidente quería expresar es que una derrota debe suponer encabrone máximo y exigencia total para que eso no suceda. Pero lo que no puede ser es tomarnos eso de forma absolutamente literal y enarbolar el tremendismo como seña.

    En los últimos tiempos denoto que hay gente que parece tener invertido su dinero en un bono catástrofe sevillista. Si no hay un problema, malo. Hay algunos que parece necesitan una polémica por cualquier cosa. Como leí en twitter a un amigo, el día se levanta esperando a ver qué película inventamos hoy los sevillistas para pelearnos entre nosotros.

    Periodismo respetable hay de dos tipos: el normal y el de bufanda (en el sentido que tener colores y mostrarlo de forma (in)directa es inherente a la condición humana del que nació aficionado y después se hizo periodista). Pero ha surgido un grupúsculo infame derivado de este último: el periodismo de bufanda salvamé. Son una serie de señores (periodistas, ex árbitros, comentaristas y vividores varios) absolutamente faltos de ética, y que salen en determinados programas montando jaleo y ruido ya que necesitan el morbo de la polémica para subsistir. Personajes que ganan dinero, ellos sí, con los bonos catástrofe futboleros. Y aunque creo que la limpieza debe venir desde dentro (desde los propios periodistas, inmensa mayoría absolutamente extraordinaria y querida que son los primeros que debieran estar por la eliminación de estos indeseables deportivos) el problema es que los aficionados les estamos echando cuenta, demasiada cuenta. Y ahí nos ganan. Simplemente por la experiencia que les da el moverse en el lodazal. Para más sobre el particular, “El caso Sandaza”

    Aunque no queramos, va calando.

    Siempre consideré la exigencia y la falta de autocomplacencia como una virtud del sevillismo, característica ésta en las antípodas de otros clubes de ahí que nuestras vitrinas estén tan hermosas como están viendo la dimensión justa del club. Pero una cosa debe ser eso, y otra superar la delgada línea roja que sitúa a ciertos aficionados en un punto donde, si no hay seísmo, hay que crearlo. Ruido. Por sistema, ruido. A todas horas, ruido.

    Tan escasa razón de ser tiene y tanto daño hace el sibwanismo peloteril como la crítica irracional.

    Salmonpalangana_3

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    5 Responses to El bono catástrofe sevillista

    1. 4 marzo, 2014 at 10:45

      Excelente, Alvaro. Y muy certero.

      En el fondo, podríamos resumir que la clave está en el sentido común, pero que este es el menos común de los sentidos.

      Entrando en detalle, y en referencia a lo que dices sobre la prensa, me he acordado de un comentario que hizo cierto periodista de la SER, de Radio Sevilla (que ahí sigue hoy día) allá por los años 90 del siglo pasao. Alguien le debió decir que parecía alegrarse de las derrotas del Sevilla, y él se excusó diciendo que cuando los equipos sevillanos perdían, las audiencias de la radio eran menores. Y yo, que tengo un titulito en Marketing y que manejo el concepto “nicho de mercado”, me pregunto si a alguna cabeza pensante en la dirigencia de los medios de comunicación no se le habrá ocurrido convertir la amenaza (caída de audiencias por las derrotas) en oportunidad, en nicho de mercado, creando programas en los que se explota el encabrone del personal. Vamos, que utilizan nuestro enfado en beneficio propio. Digo esto a modo de reflexión, eh. No señalo a nadie.

      Por lo general, estoy bastante de acuerdo con todo lo que dices. Ciertamente, la salsa del fútbol está ahí, en los debates y discusiones. Pero ciertamente también, en los últimos tiempos nos hemos pasado de rosca. A mi la verdad es que todo esto me tiene bastante hastiado y casi prefiero no entrar en polémica con nadie. Porque eso es lo que pasa. Que ya no se debate. Ahora se entra en polémica. Y yo así no disfruto, la verdad.

      Por cierto, en el verano del 92, yo debía de andar muy cerca de donde tú, por lo que cuentas.

      Un abrazo.

      @ravesen_

    2. 4 marzo, 2014 at 12:27

      Querido Álvaro,

      el umbral de la crítica que se considera constructiva, como el del dolor, es tremendamente personal. Cada uno lo tenemos en un nivel diferente.

      Yo jamás comulgaré con el periodismo, o los comentaristas que ahora surgen para las tertulias, de bufanda salvamé. Jamás me han influenciado y dudo mucho que lo hagan. Tampoco lo hacen los mesías elevados a los altares por el simple hecho de decir lo que algunos quieren oir.

      Pero cuando veo a una hija mía ir camino de pegarse un trompazo se lo digo. Cosas del cariño. Y si veo que el Sevilla lleva el camino equivocado, siento la obligación de decirlo. Para unos supero el umbral de la crítica constructiva y para otros no. Y nunca he considerado que estuviese comprando bonos catástrofe.

      Así que, salvamés futboleros aparte, mantengamos el espíritu crítico, como bien dices, y tratemos de huir del catastrofismo. En eso, estoy muy de acuerdo contigo.

    3. Eugenio el de los chistes
      4 marzo, 2014 at 17:37

      Me ha encantado el artículo. Pese a que en su núcleo no esté de acuerdo con el autor, me ha encantado. Vaya el piropo por delante, que la moza lo merece aunque no sea perfecta a los ojos de uno.

      Más allá de eso, sólo decir que servidor cree -opina, piensa- que la virtud del término medio es casi inalcanzable; y que si se llega a ella nos encontraremos en un punto que en Física se denomina de Equilibrio Inestable, por lo sencillo que es rodar por una de las dos pendientes que lo limitan con la menor de las perturbaciones. Al aunar ese punto dificultad con inestabilidad, para el menda la conclusión es clara y rápida: mejor posicionarse a uno de los lados que en él limitan. Y, si hay que elegir bando, siempre he creído que los estados básicamente inalterables de felicidad conformista son cosa de recién enamorados o de gente a la que nunca pondría a dirigir mi empresa, por lo que me siento mucho más seguro entre personas que sonríen poco y celebran menos cuando se trata de valorar el funcionamiento de mi club.

      Y no niego que vivimos tiempos en los que el periodismo de bufanda Sálvame -me ha encantao el término- vive de encabronar al personal, tiempos en que por Twitter, Facebook, Badoo o IRC mola mucho más andar a la gresca y criticando que intentando mantener la calma al charlar con otros, ni que vivimos la era en la que más fácil ha tenido el ser humano el lucir sus gilipolleces como si fueran perlas de literatura gongoriana. Pero sí que me niego en redondo a meter en el mismo saco los berridos de crítica del necio y las calmadas advertencias del sabio, que no son lo mismo ni son igual, y además se diferencian perfectamente al primer segundo de oírlos.

      Así que, sabedor de las injusticias y los errores inherentes a la elección de un bando dentro del sevillismo, yo me declaro del de los criticones. Máxime cuando vivimos tiempos en los que hay muchas cosas dentro del club merecedoras de graves y serias críticas. Aunque el ruido pueda llegar a molestar y aunque muchos estén aprovechando el ruido para algo que nada tiene que ver con los mejores deseos para nuestro escudo.

      Ea.

    4. Alvaro
      4 marzo, 2014 at 20:32

      Buffff. ¡Vaya calidad de comentarios! De verdad, muchas gracias.

      Muy de acuerdo en lo que dices, Rafa. Me ha encantado lo del nicho de mercado y como, al igual que el del Andrew leyó lo del bono catástrofe, los salvapatrias deportivos estos de tres al cuarto, usan el encabrone general que se palpa en la sociedad española

      En cuanto a los de Eugenio y Carlos, estimo que son complementarios. El umbral de la crítica es evidente que es muy distinto en uno y otro. Y, vosotros que me conocéis, sabéis que soy bastante crítico.

      Pero creo que, por un lado, si no es constructiva esa crítica es vacía. La guillotina a todo Dios y vámonos que nos vamos, no va conmigo. Y, por otro, lo que no puede ser es que Monchi sea un bulto que anda de Erasmus, que las entradas para el fútbol sean caras, que Emery es para matarlo, que las camisetas amarillas son horrorosas, que los árbitros nos mangonean porque en la Federación tenemos menos fuerza que el peo de una visita, que Fazio tiene menos cintura que Arteche, que jugamos sin escudo, que el Presidente anda cortito de carisma, que etc etc etc hasta el infinito y más alla

      A eso venía a referirme. Veo mucho ruido y pocos argumentos.

      La crítica reflexiva, argumentada y constructivo jamás está de más. Al menos, en este blog

      Una vez más, gracias eternas

    5. Pingback: El necesario fin del crecimiento empobrecedor | Salmon Palangana

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