• Agostino di Bartolomei. Capitán eterno.

    by  • 16 enero, 2014 • El Trinche Carlovich, Historias • 8 Comments

    (Escuchando de fondo «Sureños» y, cuando termine «True Love (chorla)» Ambas de Silvio y Sacramento)

    Si no han visto «Bienvenidos al Sur» (versión italiana de la francesa «Bienvenidos al Norte») les recomiendo que lo hagan. No será la película de su vida, pero en estos tiempos que corren pasar un par de horas degustando una suerte de situaciones corales simpáticas y entrañables nunca está de más. Es un film cariñoso, costumbrista, indoloro y con un mensaje que cuando rascas resulta bastante jugoso. El argumento lo conocen seguro: Alberto es un director de correos de clase media-alta asentando en el próspero norte de Italia al que destinan a Castellabate, un pequeño pueblo costero del Sur de la bota. Cargado de prejuicios, deja a su familia en el norte, se pone su chaleco antibalas y conduce hacia el sur. El choque cultural que sufre es tremendo: frente a la meticulosidad norteña, en Castellabate el tiempo viaja a otro ritmo. Por otro lado Alberto no entiende bien a sus gentes ya que, aunque es el mismo país, esos sureños «se comen» las palabras y sus giros y expresiones resultan ininteligibles para él. Sin embargo, «el diretó» se va integrando poco a poco, va liberando sus prejuicios instalados y descubre que Castellabate, provincia de Salerno, es una de esas joyas sureñas que tan bien conocemos todos los que hemos nacido en la parte inferior de la brújula. Llega un momento que engaña a su mujer (dice que las mafias lo retienen) para no tener que volver al norte. El divertido final de la peli, con la mujer de Alberto viajando a Castellabate para ver su «sufrimiento» no se lo cuento.

     


     

    Agostino Di Bartolomei («Ago» o «Diba») nació el 8 de abril de 1.955 en Roma. Futbolísticamente se crió en el Tor Marancia, equipo de su barrio sito en una zona humilde del extrarradio de la ciudad llamado Garbatella, hasta que un ojeador de la Roma, el equipo de sus amores, lo recluta para sus inferiores. Su fortaleza como medio centro provocó su inmediato debut con el primer equipo en un partido contra el Inter a pocos días de cumplir Ago la mayoría de edad. En la temporada siguiente forma ya parte del primer equipo romano donde se ve que su talento es máximo pero no termina de romper. Llegada la temporada 75-76, el entrenador Nils Liedholm manda a Ago a «hacer la mili» un añito a Vicenza donde completa una temporada soberbia volviendo al año siguiente para quedarse. Desde 1.976 hasta 1.984 Di Bartolomei será la pieza angular sobre la que giró la gran Roma de esos años. «Ahí dentro serás mi capitán y ellos te adorarán. No hay nadie más romanista que tu», le dijo su entrenador. Capitaneados por Ago, en ese periodo los rossoglieri conquistan 3 Copas de Italia (3ª a 5ª de su historia), pero el punto culminante vino en la 82-83. El fútbol italiano se proclamó Campeón del Mundo con Naranjito de testigo por lo que ese Calcio tenía especial importancia. Todavía con Liedholm en el banquillo, los romanos cimentaron su fuerte en un mediocampo poderosísimo donde los pujantes Carlo Ancelotti y G.Giannini daban los relevos a Bruno Conti (el alcalde de Roma) y a Diba que ponían el poderío, dejando la clase para el brasileño Falcao y el austriaco Prohaska siendo el punta el robusto Roberto Pruzzo. Como una máquina, agarraron el liderato en la jornada 6 y no lo soltaron ya hasta el final. Se proclamaron campeones al derrotar 3-1 al Toro . Fue el segundo Scudetto de la Roma en su historia, con Agostino di Bartolomei levantando el trofeo como capitán.

     

    La siguiente temporada tuvo un reto claro: la Copa de Europa. Curiosamente la sede de la final sería en el Olímpico romano por lo que la escuadra rossoglieri centró su objetivo en la mencionada competición. Tuvo un camino fácil ya que se plantó en la final eliminando al IFK Goteborg, CSKA Sofía, Dínamo Berlín y Dundee. El 30 de mayo (guarden la fecha en su memoria) de 1.984 la Roma llegaba al partido decisivo de su historia en su casa frente al grandioso Liverpool de los Souness, Dalglish o Ian Rush. En un ambiente infernal, el partido termina 1-1 siendo el momento de los penalties. Steve Nicol lanza el primero y lo falla. La grada arde y es el momento de Falcao, pero se le encoge la pierna y decide no tirar lo cual enfurece a Ago, el gran capitán, que coge la pelota, se va al punto de penalty y descarga su ira con un fuerte trallazo. La Roma por delante y el estadio es una caldera viendo como el trofeo europeo de trofeos estaba más cerca. Sin embargo Conti lanza a las nubes y, en el penalty definitivo, surge el gran Grobbelaar para con su mítico baile desconcentrar a Graziani que también la embarca. Por si quieren ver un resumen

    Pasó en los Mundiales con la leyenda del Negro Jefe , pero nunca en Copa de Europa donde por primera vez en la historia, un anfitrión perdía la Final en casa. La ciudad quedó sumida en la tristeza y los jugadores lloraban. Pero para uno fue peor que para nadie: Agostino di Bartolomei nunca superó aquello. Jamás sería el mismo.

    En la campaña siguiente, la escuadra romana decide regenerarse por lo que contrata a Sven Goran Eriksson y le da los galones a Ancelotti y Giannini. Nuestro Ago se va a Milán pero ni su amada Marisa ni su hijo Luca se amoldan al norte. Allí juega tres temporadas con más luces que sombras, esperando que la Roma, su Roma, lo llamase para volver pero eso nunca sucedió. Los recuerdos de aquel 30 de mayo de 1.984 seguirían marcando su vida para siempre. En el 87 ficha por el Cesena donde completa una temporada muy discreta. En el verano siguiente se va al sur, donde marcha jugar en la serie C. Está dos temporadas en la Salernitana donde vuelve a sentirse querido siendo la 89-90 el último año de su carrera deportiva donde, como capitán salernitano dirige al equipo hasta retornarlo a la Serie B veintitrés años después. Se retira como un ídolo. Como Alberto el de la película, en Castellabate encuentra su hogar con su familia donde se construye una hermosa villa junto al mar. Bienvenido al sur, Ago.

    Los años siguientes son muy difíciles para él porque no encuentra su camino en la vida. Cae en una pequeña depresión, muy triste porque su Roma no lo llamase para nada. En esos años es comentarista puntual de la RAI, invierte en bolsa con malos resultados, abre una escuela de fútbol o crea una compañía de seguros en Salerno. Todo cuore ma non habeba chorla.

    El 29 de mayo de 1.994 fue un día normal según Marisa. Salieron a dar un paseo por el mar, para después cenar en casa con los amigos donde el pequeño Luca estuvo a hombros de su padre gran parte de la noche. Los amigos se marcharon y la familia Di Bartolomei se acostó. El día siguiente era 30 de mayo. Estamos hablando del sur, de sureños de Norte a Sur y del día en el que falleció el Rey Don San Fernando, ese que conquistó Sevilla. Día complicado para Italia ante el gobierno que preparaba otro Silvio (más sieso) apellidado Berlusconi,

    Pero en Castellabate, al sur de Italia, el 30 de mayo de 1.994 al querido Diba todo le daba igual. Se cumplían exactamente 10 años del día más triste de su vida. 30 de mayo. El día en que el equipo del que era tiffosi desde niño y capitán en el campo había perdido su final de la forma más dolorosa posible. Esa squadra por la que había dado todo y que no se acordó de él nunca más.

    Ago se levantó temprano. Cogió lápiz y papel y escribió «Mi sento intrappolato in una buca» (Me siento encerrado en un hoyo). Se acercó a un armario y cogió una Smith & Wesson del 38 que tenía y se disparó en el corazón. Su muerte fue un impacto en Italia, y, especialmente entre sus amigos y la afición romana, haciéndole un funeral con honores de Jefe de Estado. Sobre Ago se han escrito canciones, poemas, libros y hasta el documental «Once metros» recordando el penalty de la final. Tiene calle en Castellabate y un complejo deportivo a su nombre. Su hijo Luca hizo la carrera de Derecho y es abogado en la Roma de su padre. Marisa rehabilitó la villa de San Marco de Castellabate e hizo una especie de hotelito familiar de pocas habitaciones, lugar de peregrinaje obligatorio por los tifosi romano que acuden a la preciosa localidad.

     

     

    Questa es la historia de uno di noi

    Que non habeba chorla

    habeba cuore mato

    No habeba chorla

    (Primera estrofa de «True Love (Chorla)». Silvio y Sacramento. Fantasía Occidental. 1990)

    La vida y muerte de Agostino Di Bartolomei es una muestra más de que, por mucho dinero que ganen y por muchos pedestales en los que ciertos egos estén subidos, no podemos olvidar que son personas como todos. Con sus virtudes, defectos y debilidades. Con sus alegrías extremas y capacidad de respuesta dispar dependiendo el problema en el que se presenten. Algo sobre lo que todos deberíamos reflexionar.

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    8 Responses to Agostino di Bartolomei. Capitán eterno.

    1. Rinat Rafaé
      17 enero, 2014 at 6:25 pm

      Muy buena historia, dicen que para los futbolistas es bastante complicado el día después de dejar el balón, que no saben como afrontarlo, viven en una burbuja y al pinchar se muchos no saben como se respira el aire de fuera, aunque hoy en día tienen más reciclaje que antiguamente donde e dedicaban al negocio familiar o ponían una tienda de deportes…

    2. Alvaro
      18 enero, 2014 at 7:27 am

      En las pocas entrevistas que la viuda de Di Bartolomei ha concedido y que consulté, ella dice precisamente eso. El hecho de que muchos futbolistas cuando cuelgan las botas están desorientados y que necesitarían ayuda psicológica pero que por las razones que sean (ego, imagino) no acuden a ella.

      Ayer leía la entrevista a Nsaliwa, uno de esos fichajes extraños de la época Oliver y recordaba lo del aspecto humano de esa mercancía llamada futbolista

      http://colussoscontrakukletas.blogspot.com.es/2014/01/entrevista-tam-nsaliwa.html

      Gracias por el comentario y yo era más de Deportes Arza que de la tienda de Dassaev

    3. 18 enero, 2014 at 11:22 am

      Me ha encantado hasta el punto que se me ha encogido el corazón. En el Sevilla tenemos ejempos de gente que lo ha dado TODO por el club y luego nos hemos hasta reído de ellos. Lo hagan mejor o peor en un momento dado, si somos el sevillismo (igual que en esta historia se trata del «romanismo»), pues hay que defender a los nuestros. Criticarles, corregirles, pero nunca olvidar que son de los nuestros.

      El fútbol olvida a menudo que vive, no del dinero, sino de los sentimientos. Y hay gente que lo siente tanto, que está a dispuesta a morir por él. O que no encuentra sentido a la vida si no lo ve correspondido. A muchos nos parecerá una exageración, pero en la cabecita de otros es difícil entrar.

      Te lo repito. Me ha encantado.

      Un abrazo.

    4. Alfonso Ramos
      18 enero, 2014 at 12:07 pm

      La historia es tremenda. El de Di Bartolomei junto con el de Borgonovo son de los casos más tristes del fútbol italiano, casualmente ambos alrededor de Carlo Ancelotti, que se muestra afectado siempre que le nombran al segundo.

      La verdad es que desconocía la dramática historia de Agostino.

      Felicitaciones al autor del trinche, de nuevo.

      Un saludo !

    5. felix machuca
      18 enero, 2014 at 12:54 pm

      Lo bordas hijo mío. Una historia bellisima con un final trágico. Como la vida misma. Al final Gabo tenía razón: uno escribe para que lo quieran. Uno juega al fútbol para que te quieran…al menos los tuyos, los que llevan tu mismo escudo. Enhorabuena Alvaro. Se me aguaron los ojos.

    6. 18 enero, 2014 at 1:15 pm

      Saludos.

      Triste y emocionante, Álvaro.

      Sin embargo y por mi experiencia personal, no es el Sevilla de los Equipos que olvida mucho puesto que he visto por allí a Glorias tremendas del sevillismo. Lo de «Dorsal de Leyenda» o «Banquillo de oro» es, pienso, de las cosas más bonitas que se ha hecho.

      Y como no nombrar a la Asociación de Veteranos. Inmenso trabajo.

      De todas formas y poniendo un poco de humor, debes tener la capacidad de hablar de Valdano para no caer en la depresión. Por falta de tiempo para pensar, supongo.

      Gracias.

      Cuídate.

    7. Alvaro
      18 enero, 2014 at 9:30 pm

      Agradecer a todos la acogida del trincherazo. Somos varios los que hemos formado parte de esta sección y cada una de ellas tiene un color especial. Esta es, tal vez, la más «humana» y desgraciada.

      Como comentabais, la historia a pesar de ser reciente y de un equipo importante es poco conocida en España. La documentación de la misma ha sido algo complicada pero al final ha quedado realmente bien.

      Cuando viajemos al sur de Italia de turismo, el hotel rural de Doña Marisa en San Marco de Castellabate debe ser parada y fonda obligatoria. ¿No?

    8. Pingback: Marco Macina. El portento sanmarinense – Título del sitio

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