• Que cruja

    by  • 10 febrero, 2016 • Sin categoría • 1 Comment

    (Escuchando de fondo “A Jierro” de O’Funk’illo)

    11 de febrero. Partido de vuelta de las Semifinales de la Copa de Su Majestad El Rey. Y si bien es cierto que tenemos varias en nuestras vitrinas, jamás un partido de vuelta, al menos en la historia reciente, tuvo un resultado donde las posibilidades de afrontar la finalísima fueran tantas.

    No será fácil, sin lugar a dudas. Ellos son un equipo que han demostrado tener alguna que otra laguna defensiva, pero arriba tienen dinamita, eso es evidente. Su ofensivo sistema de juego hace que sufran atrás si se les coge las vueltas, como se demostró la última vez que vinieron a Nervión donde su portero se llevó cuatro goles. Sin embargo, ningunear su potencial atacante con unos futbolistas de esa evidente calidad es algo que nos debe preocupar. Expectante por ver cómo sale el Sevilla y ansioso por conocer si dentro de dos horas tengo que empezar a buscar hotel por España para estar contigo.

    Un minuto después de aquellas reflexiones internas, marca Antonio López. El único gol que yo he visto que ha hecho crujir (literalmente) los cimientos del Ramón Sánchez-Pizjuán. Un par de horas después, no hay que buscar hotel para un sevillismo henchido de decepción y orgullo. Decepción por ver cómo se quedaba sin la Final de Copa del Rey y orgullo porque los nuestros habían sudado la camiseta como si fuese el último partido de sus vidas.

    Y es que aquel 11 de febrero de 2004, y aunque tres Copas había en nuestras vitrinas, los sevillistas nacidos en la segunda mitad del Siglo XX jamás vimos tan cerca una final, un título, un sueño. El 2-0 de la ida en el Bernabéu era malo, tenían un ataque de calidad máxima (Raúl, Beckham, Zidane, Guti…) pero el ambiente previo creado invitaba a la épica. En liga le habíamos cascado 4-1, en una de esas noches tontas de Reyes por lo que, a pesar de que su fútbol de duende acababa de marcharse a Londres, estábamos legitimados a soñar. ¿Por qué no? Español, Zaragoza, Celta, Dépor, Recre o Mallorca habían jugado las finales anteriores. ¿Acaso el Sevilla era menos? ¿Por qué nunca íbamos a vivir una final?

    Aunque crujió Nervión con aquel gol del zurdo López, no se pudo lograr la ansiada final, aunque nos quitamos la espina pronto. La gloria vino después. Y en mucho mayor dosis de lo que el más optimista podría ni siquiera imaginar. A partir de 2007 tomó vida el dormido gen del campeón 

    3Final-copa

    (Gracias al Área de Historia y en especial a @voladizogolsur por tan preciosa foto)

    11 de febrero de 2016. Partido de vuelta de las Semifinales de la Copa de Su Majestad El Rey. Y si bien es cierto que tenemos varias en nuestras vitrinas, jamás un partido de vuelta, al menos en la historia reciente, tuvo un resultado donde las posibilidades de afrontar la finalísima fueran tantas. 4-0 es un resultado que cualquier equipo del mundo firmaría en cualquier eliminatoria de la competición que sea. En mi opinión, remontar un 4-0 en un partido de vuelta es una heroicidad parecida a la de remontar un 0-2. Y nosotros, los sevillistas, sabemos lo posible que es tamaña gesta porque nosotros la hemos vivido en nuestras carnes no hace tanto. Y nosotros, los sevillistas, no teníamos ni la menor duda de que lo íbamos a lograr (ver “El sevillismo de Merton”), por lo que los aficionados celtiñas albergarán en su celeste corazón la posibilidad de obtener su gloria. No es este el último ejemplo. Nuestra pareja de baile en 2007 en el Bernabéu fue un Getafe que remontó un 5-2 al Barcelona para apearlo de las semis. El Getafe le ganó 4-0 al Barça de Messi, Ronaldinho, Xavi, Puyol o Eto’o. Sí. 4-0.

    Por todo ello el sevillismo debe crujir como con aquel gol de hace 12 años. El corazón debe crujir para evitar su gloria y que seamos nosotros los vencedores de este partido de 180 minutos que vamos ganando al descanso. Una segunda parte de eliminatoria que afrontamos desde el respeto máximo por unos colores. O mejor dicho; por uno no, sino dos. Por los del Celta, equipo fortísimo con un sueño precioso y, sobre todo, por los colores del Sevilla. Ese que nunca, jamás, se rinde. Una afición peculiar como pocas y que, aunque tres días invadió Polonia, ansía esta Final de Copa del Rey como si llevásemos 50 años sin jugar una.

    La mentalización debe ser igual a la de semifinal de la Europa League pasada contra la Fiore. Hay que ir a jierro y mirar a los ojos de los celestes como en aquella noche de mayo donde desde el minuto uno encaramos a los viola como si empezáramos 0-0. Un maravilloso resultado de la ida te dejaba con pie y medio en la Final, pero el Sevilla salió en Florencia con la competitividad necesaria para poner el segundo de ellos con firmeza en Varsovia. Ahora debe ser igual y aquello debe ser el espejo de esto. Jugando con la sabiduría que nos otorga la experiencia en estas lides y la ilusión del profano. Que la Final de Copa del Rey 2016 para el Sevilla está cerca es innegable. Al igual que lo es que, como vayamos con la más mínima confianza, chulería o prepotencia no salimos vivos de Vigo. Y es que esa debe ser la mentalidad: como haya sólo un movimiento de la entidad, jugadores, consejeros o el que sea hablando de entradas, sedes, hoteles, etc, la posibilidad de jugarla tiende inexorablemente a cero. El que piense que esto es un trámite y piense en el Barcelona, que se quede en Sevilla. Que no vaya a San Pablo ni a despedir a sus compañeros. Humildad, respeto, caballerosidad, trabajo, lucha, pelea, sufrimiento y fútbol serán los valores que tendrán que defender los 11 gladiadores que llevarán tu escudo en el pecho en tierras gallegas el 11 de febrero de 2016. Y tú, sevillista, estás obligado a partirte la garganta por tu equipo ya estés en tu casa, la peña o Balaídos ya que si te olvidas del hoy, el mañana no llegará. Que cruja el corazón de Nervión.

     

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    One Response to Que cruja

    1. alejandro cadenas
      10 febrero, 2016 at 6:52 pm

      Muy bien expresado. Confianza cero. El partido hay que ir a ganar, luego pasará lo que sea, pero a ganar !!!

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