• El enemigo inesperado

    by  • 14 septiembre, 2015 • Competiciones UEFA, Fútbol, Sevilla • 0 Comments

    (Escuchando de fondo “Fly me to the moon” en la versión de Diana Krall)

    En contra de lo que pudiera parecer, la Copa América de vela es una competición británica y no americana. Es más, es tan profundamente inglesa que la hicieron para ellos solos en 1851 cuando diseñaron un aguamanil de plata denominado “Queen’s cup”, pero que ha pasado a la posteridad como “La Jarra de las 100 guineas” al valorarse por 100 guineas de oro el día que el marqués de Anglesey la donó al Real Escuadrón de Yates británico para la regata. La fiesta consistía en que 14 barcos del Real Escuadrón británico darían la vuelta a la Isla de Wight donde la Reina Victoria I esperaría para entregar el aguamanil al primero que la completase. Junto a ellos y para darle “cierto toque exótico” participaba como invitada una goleta americana.

    Hay fuerte niebla en la Isla de Wigth cuando empieza la regata. El barco americano, ese que llamaron para poco más que rellenar, se convierte desde el minuto uno en el enemigo inesperado. Algunas embarcaciones británicas se pierden, otras se chocan y, las de más allá, simplemente, no pueden seguir el ritmo del presunto comparsa que empieza a tomar una ventaja escandalosa a sus perseguidores. La Reina, prismáticos en ristre y acompañado del Capitán de la Nave Real, espera en la llegada cuando ve que quien se acerca ¡es el navío americano! Traga saliva y, buscando consuelo pregunta “¿Quién va segundo?” La respuesta que recibe ya ha pasado a la historia “Majestad. No hay segundo” Y es que, en la máxima competición de vela, llevan a rajatabla el axioma deportivo que afirma que de los segundos nadie se acuerda. La Copa América la gana uno y no existe el subcampeón.

    Terminada la regata, John Cox, armador del navío americano, cogió el trofeo y se lo llevó a su país. Tras cederlo al Club de Yates de Nueva York, lo rebautizó como Copa América, que se mantuvo allí nada menos que hasta 1983, fecha en la que apareció otro enemigo inesperado, esta vez, unos australianos que 132 años después se llevaron la Jarra de las 100 guineas aunque sólo en una edición porque a la siguiente los estadounidenses la recuperaron. Hasta el día de hoy sólo dos países más, Nueva Zelanda y Suiza (otro gran enemigo inesperado porque no tienen mar) han osado toser la supremacía americana, actual poseedor del trofeo tras volver a vencer en 2013. Mientras tanto, Inglaterra 164 años después sigue sin ser capaz de recuperar “su” Jarra.

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    Cuando la vieja Europa futbolística miraba al sur, se paraba en Madrid. Quitando alguna participación puntual, nunca nadie hizo nada reseñable en el panorama internacional por lo que más abajo de la capital de España prácticamente no existía nada más. Miles de partidos internacionales se jugaron en el siglo XX en competiciones europeas y en ninguno de los realmente trascendentes para dirimir títulos estaban los de nuestra zona. Hasta que, y tras un zurdazo de diamantes, apareció el impresionante Sevilla Fútbol Club que nos ha tocado vivir con sus cuatro títulos ganados a ley. Un equipo que cuando juega UEFA Europa League nadie lo quiere ni en pintura porque es ese enemigo inesperado, casi surgido de un sueño, que ha hecho de esta competición la suya. Pero ahora este equipo quiere dar un paso más.

    El Sevilla tenía la necesidad de ganar algo. Mucha. Veíamos como distintos equipos de una dimensión menor al nuestro levantaban trofeos y el Sevilla mantenía su palmarés inmobile desde 1948. Necesitábamos ganar algo y lo cumplimos ¡vaya si lo hemos hecho! A una media de título por año empezando por Eindhoven y terminando en Varsovia, esta afición sació su necesidad de gloria. En un escenario superior en lo idílico que pudiera plantear la mente del principal optimista en la faz de Nervión, no hemos parado de sacar a florecer el gen del campeón que tantos años llevaba dormido.

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    Pero El Rey de la Europa League quiere más. Esta insaciable afición tras cubrir su necesidad ahora ansía lujo; somos así, qué le vamos a hacer. Y es que ese aroma de Chanel te lo da la máxima competición que hay a nivel de clubes en el mundo, esa que ha decidido que entre los 32 mejores esté un enemigo inesperado para representar al sur. Ese lujo que empieza cuando 22 futbolistas miran al cielo mientras se escucha una pieza de Handel y unos chiquillos agitan la bandera del balón con las estrellas y que tú, sevillista, estás absolutamente legitimado para gozar como si no hubiera mañana. Porque es un lujo que necesitabas y que este año te puedes permitir.

    Que el grupo es de una dificultad máxima es algo innegable. El líder de la mejor liga del mundo, uno que se gasta 80 millones en un belga para tenerlo de fondo de armario, está ahí. El subcampeón de la Champions y actual campeón del Calcio está ahí. Y para rematar una máquina alemana que aunque no empezó bien esta temporada en mi opinión, era el segundo mejor equipo de la pasada Europa League, también está ahí. Y entre ellos, nuestro Sevilla Fútbol Club. Nosotros no los queríamos a ellos pero lo que es seguro es que ellos tampoco nos querían a nosotros. Somos el equipo con menos presupuesto de los cuatro pero al que nadie le gana en ilusión. Un enemigo inesperado del que todos huyen como de la peste cuando Infantino prepara el sorteo por el poso competitivo inherente a las conquistas europeas en el último decenio.

    Cuando acabe el grupo de la muerte sabremos si seguiremos disfrutando del lujo extremo, si volveremos con aquella a la que le dimos nuestro primer beso o si este año acabaremos nuestro periplo europeo con prontitud. Pero lo que es seguro es que los del dicen que nunca se rinde se dejarán hasta la última gota de sudor por este escudo, por esta camiseta. Por este equipo la gloria nos espera.

    Empieza el sueño, así que pídele al Sevilla que te lleve a la luna. Disfruta del lujo.

    (Una vez más, gracias a @CazonPalangana por las imágenes que ilustran el post)

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