• El Gen del Campeón

    by  • 10 marzo, 2015 • Competiciones UEFA, Fútbol, Historias, Sevilla • 6 Comments

    (Foto aparecida en la web del Sevilla tomada en la mañana de un jueves cualquiera de marzo para conseguir una entrada del partido de ida de octavos de final de una competición ya ganada tres veces)

    Escuchando de fondo «King for a day» de Green Day

    La afición del Sevilla, dejémonos de tonterías, es rara. Rara de cojones. No es cuestión de futbolómetro, pero por amor a unos colores no nos gana nadie; habrá quien nos empate, pero no nos superan. Sin embargo, resulta absolutamente comprensible que muchos no nos comprendan. Es una afición que, como le escuché a Pablo Blanco hace poco, grita Sevilla Sevilla Sevilla, pero siempre mirando al campo. Te quiere como nadie, pero ojo: eso ni de lejos, pero ni de lejos, implica conformidad, relajación, transigencia o resignación. Jamás. En ningún caso. Es justo lo contrario; aquí no es que no se pase una, es que no se pasa ni media. No se da un paso atrás ni para coger impulso.

    Es un amor, como digo, raro e incomprensible para muchos. Aquí da igual que un domingo hayas ganado 4-0 y hecho un partido de escándalo, que como al siguiente el Sevilla monte un sainete, la que te cae es poca. En este bendito Nervión nuestro puedes salir encabronadísimo después de ganarle 1-0 al Celta y, a las pocas semanas, romperte las palmas de las manos a aplaudir al equipo que no pudo pasar del empate a 0. Es lo que hay. En otros sitios cercanos hay entrenadores que no han hecho más que ganar batallitas menores (nada de títulos) y son sacados en parihuela a diario, exculpándose de sus pecados a sus venideras generaciones; aquí hasta los entrenadores de leyenda (Emery, el último de ellos) es criticadísimo a poco que realice un cambio medianamente raro. Aquí, Ramón, la plantilla que tú montas ha podido ganar tres veces la de Bertoni, pero como traigas algún fichaje “sospechoso” no dudes por un instante que la te daremos la del pulpo. Aquí Sevilla Sevilla Sevilla, pero siempre mirando al campo, Pablo. Y siempre (SIEMPRE) mirando a los ojos. Duros, críticos, justos respetuosos y exigentes. Con el tiempo, a todo el mundo se le da su sitio pero en el día a día se aprieta hasta límites sobrehumanos. Aquí le damos placas a los nuestros, pero no ponemos monumentos ni cambiamos el nombre al Estadio. Aquí tenemos un hambre insaciable por mucho que algunos se amparen en falacias 

    Uno que ya cumple muchas temporadas ha conseguido encajar el puzzle sevillista en su cabeza, pero reconozco que no siempre fue así. Hace algunos lustros no entendía muy bien como arreábamos tanto cuando llevábamos desde el 48 sin levantar más que trofeos veraniegos. “Bueno, niño. Pues ahora somos unas madres. Esto antes era peor. Antes perdíamos un partido 3-0 en el Bernabéu y al Sevilla se le recibía con una bronca que se escuchaba en la Puerta La Carne”, me decía mi padre. Lo que después descubrimos era que en ese sevillismo estaba imbricado El Gen del Campeón. El Gen del Campeón sevillista estaba. Dormido, pero estaba.

    Porque hay familias donde el abuelo tiene unos impresionantes ojos azules pero, en cambio, su hijo los saca marrones y es a la siguiente generación cuando los ojos azules vuelven a la familia. Aquí pasó igual; ese sevillismo de nuestros padres nacidos en los 40 y los 50, que eran durísimos y exigentes con esos mediocres Sevilla de los 60, 70, 80 ó 90, eran tan campeones como nosotros. Llevaban el Gen ¡claro que lo portaban! pero no lo habían desarrollado. Su postura podía parecer impropia en una institución que llevaba tanto sin ganar nada pero, en realidad, era la única posible cuando rascábamos el tuétano de nuestro níveo equipo. El Sevilla FC siempre fue el equipo Campeón y, aunque el Gen se saltara una generación, los sevillistas que hoy estamos en la plenitud de nuestra madurez y que hemos visto como las vitrinas del Ramón Sánchez Pizjuán se acaban de llenar con hasta siete nuevos inquilinos en los últimos siete años, sabemos que sería imposible que en este glorioso siglo XXI el Gen del Campeón se manifestara como lo ha hecho sin aquellos sevillistas portadores de exigencia. Por tanto, desde aquí, reconocimiento eterno para vosotros que, sin saberlo, habéis sido parte fundamental en la gloria de hoy. Sin aquellos sevillistas que se negaron a perder la idiosincracia del club, esto de hoy no sería posible. Sin vosotros, el nombre de esta ciudad hubiera sido el de una más dentro de Europa.

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    Y en el Gen del campeón está el volver a ganar. Tras levantar la de Turín, ya le buscábamos hueco en la vitrina a la de Varsovia. Soñamos, anhelamos, deseamos, la cuarta UEFA. Que la ganaremos en el 2015 o en el 2045, pero que sabemos que la ganaremos. Y aunque disfrutamos de lo que tenemos (aunque a veces no lo parezca), siempre soñamos con más. Porque está en el Gen del campeón meterle títulos a esta ciudad por la vía de Nervión. Su madre fue Sevilla y le prestó su nombre, y para defenderla le dio a esta afición insaciable que cuando consigue 7 quiere 8. Nuestra epidemia de felicidad. En dieciseisavos nos tocó el Borussia Mönchengladbach. No podía haber rival mejor para el partido 100. Un equipo grandioso que ha jugado cuatro veces la final de la UEFA, que va mejor clasificado que nosotros en una liga que es mejor que la nuestra y que nos duplica el presupuesto. En cambio no hubo ni un lloro, ni una duda. Esto es Sevilla y aquí hay que ganar. Y se ganó a un equipo en tantas cosas mayor que el nuestro. Aun así….

    El siguiente escollo del campeón lo conocemos bien. Y como siempre, un jueves, que es el día que Europa mira a un equipo del Sur del Viejo Continente, buenecito en su liga, pero temible cuando juega la Europa League. El Sevilla FC es el «Rey por un día» que canta Green Day cada vez que los jueves se juega al fútbol en Europa. Y este próximo jueves un Villarreal rumboso, descarado y emergente recibe al titleholder de la competición, arqueanodo la ceja cuando ve que las entradas que puso a disposición del Sevilla -para un partido de ida de octavos en un jueves laborable- duraron el rato que duraron las 3.000 que nos ofertaron después de perder por 0-2 en la ida de los octavos de de final del año pasado.

    Son las cosas de este Sevilla que durante años tuvo los ojos marrones, pero que hoy vuelve a tenerlos azules.

    Las cosas de llevar inserto el Gen del Campeón. 

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    6 Responses to El Gen del Campeón

    1. Luisa
      10 marzo, 2015 at 1:45 pm

      Ojú, niño!! Este post está en el top 10 sí o sí. Enhorabuena, desde el primer párrafo es de … iba a poner una burrada, que es lo que me pide el cuerpo, pero me comportaré. Es de sombrerazo!!

    2. 10 marzo, 2015 at 4:21 pm

      De «mamaso» el post

    3. alejandro cadenas
      10 marzo, 2015 at 7:53 pm

      Pues eso cuando lo extraordinario, se convierte en habitual, ni más ni menos.

    4. 10 marzo, 2015 at 7:54 pm

      Madre del amor hermoso. Se me acaba de congelar el espinazo.

      Se la vuelve a sacar usted.

      Más de lo que ha dicho no se puede decir. Intentar calificar este post sería ridículo por mi parte.

      Chapeau. . . Bueno, mejor, ¡¡¡Ole tu!!!

    5. Bicho
      11 marzo, 2015 at 5:12 pm

      Jajaja bla bla bla, gen del campeón?? Jajaja aun ganando no puedes evitar compararte con lo que hay al lado, muestra más que suficiente de peso, para dejar bien caro que falta mucho… Mucho para ganarse el respeto, el honor, la admiración… Para ello hay que dejar la soberbia, la prepotencia y la actitud altiva en la planta baja del centro comercial….
      Si los ojos son marrones, azules están porque brilla el sol hoy, mañana volverán a su color natural y ahí es donde se ve el gen de la afición/equipo…
      El factor suerte no es eterno, y reconociendo el trabajo bien hecho falta hambre de ser grande, no basta con decirlo, hay que creerlo, sentirlo y construirlo, y ahí llega el patinazo, el mal de altura antes de llegar a la azotea…

    6. Alvaro
      11 marzo, 2015 at 7:57 pm

      Gracias a todos por vuestros comentarios y a la buena acogida general del post, como lo demuestra el contador de visitas y twitter.

      Y especialmente al verdiblanco amigo que se ha pasado por este sevillista post. Ni que decir tiene en que no coincido con lo que dices, pero agradezco la visita.

      Saludos

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