• Harald Bohr. El cum laude más vitoreado de la historia

    by  • 16 noviembre, 2014 • El Trinche Carlovich, Fútbol, Historias • 3 Comments

    POR EL TRINCHE CARLOVICH

    En este apartado del blog se suelen recoger historias de grandes futbolistas anónimos para la mayoría que tuvieron que luchar para salir de la pobreza, que vivieron grandes tragedias o que atravesaron hechos insólitos durante su carrera futbolística que le hacen tener una vida digna de ser conocida. En el caso que nos ocupa este mes, nuestro protagonista apenas cumple ninguna de estas premisas; nacido en el seno de una familia acomodada, nunca tuvo que hacer grandes esfuerzos para salir adelante. Tampoco se puede decir que no sea famoso, puesto que su apellido ilustre puede que sea reconocido por muchos de los que leáis este texto, aunque seguro que a algunos de vosotros os estará jugando una mala pasada vuestra memoria. Pero no os preocupéis; pronto descubriréis que esto también le pasó a una persona muy ilustre. Sin embargo, su habilidad con el balón le llevó a formar parte de una de las hazañas más grandes de la historia, que ha sido todo un récord durante muchas décadas (uno de los más duraderos) y convirtió la defensa de su tesis doctoral en todo un acontecimiento para el gran público, un hecho tan histórico como surrealista que disfrutaréis a continuación.

    Aquí tenéis la historia de Harald Bohr.

     

    (wikipedia)

    Nacido en Copenhague a mediados de 1887, el pequeño Harald disfruta de las comodidades que le permite formar parte de una familia de tradición científica y académica por parte de padre y con los bienes de su rica familia materna de origen judío. Su padre, Christian Bohr, a pesar de ser un hombre de ciencia, siempre tuvo claro que también había que dedicarle tiempo a realizar alguna actividad física. Y así se lo inculcó a sus hijos, Niels y Harald, desde pequeños. Ambos optaron por el fútbol y aunque el mayor de los Bohr no pasó de ser un portero discreto, el pequeño sí que despuntó como mediocentro desde muy joven llevándolo a cumplir su primera hazaña.

    El Akademisk Boldklub (AB Copenhaguen) es un club de fútbol fundado en 1889 en Gladsaxe, al norte de la ciudad de Copenhague, por diversos académicos entusiastas de nuestro querido deporte, entre ellos Chistian Bohr que comenzó a amar el incipiente sport en su británica formación académica. El único requisito para poder jugar en el AB era ser universitario; sin embargo, en 1903 hicieron una excepción para incorporar a sus filas a un joven mediocentro de 16 años habilidoso; ¿adivinan su nombre? Correcto, se trata de nuestro protagonista de hoy. Sus habilidades mostradas dentro del campo, le hicieron ganarse un hueco en el equipo titular y en el cariño de los aficionados; hasta tal punto llegó la cosa que su gran momento llegó en 1908, cuando fue convocado por Dinamarca para los Juegos Olímpicos disputados en Londres. Harald tenía la oportunidad de pasar de ser un ídolo local a toda una estrella a nivel nacional.

    Estos Juegos fueron la primera ocasión en que oficialmente se disputó un torneo de fútbol entre selecciones nacionales ya que, aunque con anterioridad se disputaron los Juegos Intercalados de Atenas, estos no están reconocidos oficialmente por el Comité Olímpico Internacional. En los JJOO de Londres participaron un total de 6 conjuntos, incluidos 2 equipos representando a Francia, tras las ausencias de última hora de Hungría y Bohemia.

    El campeonato empezó bastante bien para los daneses ya que golearon al combinado B de Francia con un contundente 9-0, ayudados por dos goles de Bohr. En las semifinales, se esperaba que el otro combinado francés se vengara de dicho resultado, pero cayó estrepitosamente por 17-1, con 10 goles de Sophus Nielsen, que han supuesto un duradero récord de anotación hasta que en 2001, Archie Thompson marcara 13 tantos a Samoa Americana en un partido de clasificación de los representantes de Oceanía para el Mundial de 2002 (Nota del Autor: no se pierdan, por lo que más quieran, un documental llamado “Next Goal Wins”). Esta deshonrosa derrota infligida por Harald Bohr (en la foto, marcado en rojo) y compañía provocó que la selección francesa abandonara la competición y no disputara el partido por la medalla de bronce.

     Dinamarca 1908

    Así llegamos hasta el 24 de Octubre de 1908, fecha en la que se disputaría la gran final. La expectación era máxima en el estadio de White City de Londres; 8000 espectadores ansiaban la victoria del anfitrión ante una Dinamarca que asustaba por los resultados conseguidos hasta la fecha. Los daneses, por su lado, se conjuraron para dar el golpe definitivo y llevarse un oro más que merecido a su país. A pesar de que tanto las crónicas locales como internacionales reconocieron el gran trabajo de la escuadra danesa, la cual superó a su rival durante la final, los goles de Chapman y Woodward acabaron con el sueño de Harald de conseguir el oro olímpico. Sin embargo, Bohr, Nielsen y compañía se convirtieron en auténticas estrellas de su país, siendo aclamado especialmente en su ciudad natal.

    Aunque debido a su éxito deportivo podríamos pensar que abandonó cualquier tipo de estudios que hubiera comenzado, lo cierto es que desde que se matriculó en la universidad en 1904 para estudiar matemáticas, continuó con su carrera hasta acabarla en 1909 y realizó su tesis doctoral un año más tarde. Este hecho nos lleva a una de las anécdotas más insólitas que probablemente se hayan vivido en la universidad de Copenhague en sus más de 500 años de historia.

    El día que defendía su tesis doctoral ante el tribunal que iba a juzgar su trabajo durante el último año, todos se sorprendieron al ver como comenzaron a llegar decenas de personas para “disfrutar” del evento. Aunque probablemente la mayoría no entendió nada de lo que allí se trató, lo cierto es que todos celebraron el cum laude con el que fue calificado el trabajo de su ídolo. El edificio retumbó como si Harald hubiera marcado un gol en aquella fatídica final olímpica. Algo tan surrealista como maravilloso. Desde ese día, Harald fue Profesor de la Universidad de Copenhague .

    Ese mismo año, jugó su último partido con Dinamarca, consiguiendo una merecida revancha ante Inglaterra por 2-1. A partir de ahí, fue abandonando su carrera deportiva para centrarse en su trabajo como matemático. Su inteligencia y su esfuerzo, han dado grandes aportes al mundo de la ciencia, lo que le ha llevado a ser un reconocido matemático del siglo XX. De hecho, realizó el Teorema de Bohr y Mollerup que le supuso fama mundial en su ciencia. Su prolija obra en el campo de las matemáticas se puede consultar aquí. También fue vital en la liberación de numerosos matemáticos residentes en Alemania a mediados de los 30 por su decidida oposición al régimen nazi, e incluso tuvo que emigrar a Suecia a principios de los 40.

    Sin embargo, su hermano Niels lo eclipsó para la historia consiguiendo el premio Nobel de Física en 1922, por sus trabajos sobre la estructura de los átomos y la radiación. No ha sido el único gran físico de la familia: su hijo Aage Niels Bohr también ganó el Nobel de Física de 1.975  por el descubrimiento de la conexión entre el movimiento colectivo y el movimiento de las partículas en el núcleo atómico, y el desarrollo de la teoría de la estructura de los núcleos atómicos en función de esta conexión.

    La fama de Niels Bohr padre era tal que, dentro de la comunidad científica resultan vitales sus debates con Albert Einstein para charlar de física cuántica. De ahí que a varios os sonara el apellido del protagonista de la historia de hoy, aunque realmente estuvierais equivocados de persona. Pero no penséis que solo os ha pasado a vosotros.

    (http://www.denstoredanske.dk/)

    Cuenta la historia (que se puede consultar en el libro The Last Sorcerers: The Path from Alchemy to the Periodic Table),  que en 1916, cuando Niels Bohr fue contratado para ser profesor en la universidad de Copenhague, éste fue recibido por el rey Christian X en una pequeña audiencia como era costumbre en la época. Durante la ceremonia, el monarca remarcó que estaba encantado de conocer a tan famoso futbolista; pero el físico, saltándose cualquier protocolo, osó corregir al rey indicando que en realidad se trataba de su hermano. Este, acostumbrado a tener siempre la razón, volvió a insistir diciendo que le emocionaba conocer a un futbolista tan exitosos como Niels. Sin embargo, el hermano de Harald, en lugar de aceptar el error, comentó que aun habiendo jugado al fútbol cuando era joven, realmente era su hermano el que había alcanzado la fama jugando a este deporte. El rey, ante tal afrenta decidió dar por finalizada la audiencia; tras lo que el nuevo profesor decidió retirarse caminando de espaldas para no volver a romper el protocolo dándole la espalda al monarca.

    Probablemente esta haya sido una de las pocas veces que hayan confundido a Niels con Harald. Seguro que son incontables las veces que ha sucedido lo contrario y es que este es uno de los pocos casos en los que la fama científica se ha impuesto a la futbolística. Pero lo que está claro es que nadie podrá borrar aquel día en el que un cum laude fue celebrado y vitoreado como si de un gol importante se tratara.

    @EltrincheCarlov

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    3 Responses to Harald Bohr. El cum laude más vitoreado de la historia

    1. Luisa
      17 noviembre, 2014 at 2:20 pm

      “Einstein, deja de decirle a Dios lo que tiene que hacer con sus dados!!” Me ha gustado mucho este Trinche!!

    2. 17 noviembre, 2014 at 4:02 pm

      Magnífico. Una vez más, historias curiosas de este maravilloso deporte que sorprenden y entretienen por igual.

      Preciosa historia con un enfoque totalmente distinto. Matemáticas y fútbol unidos.

      Felicidades al Trinche. Otra vez.

    3. Alvaro
      17 noviembre, 2014 at 9:45 pm

      Muchas gracias a este nuevo artículo con el que nos ha deleitado El Trinche este mes. Las anécdotas del hermano con El Rey o de la presentación de la tesis llena de hoolligans futboleros son sencillamente geniales

      El tema de los futbolistas cultos es algo que siempre me llamó la atención. Una vez leí que Glen Johnson es un enamorado de las matemáticas y que Lampard tenía el mismo coeficiente intelectual que el propio Einstein.

      Curioso artículo, sin duda. Enhorabuena al autor

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