• Peter y Dilbert

    by  • 2 junio, 2013 • Miscelánea, Sevilla • 8 Comments

    (Escuchando de fondo “El lince Ramón” de Kiko Veneno. Y, cuando termine, “Sevilla de Bilbao” de Fito y Los Fitipaldis)

    En realidad el Principio de Peter no es de Peter. Es quien lleva la fama porque desarrolló y estudió el tema en profundidad, pero ya Ortega y Gasset 50 años antes lo había dejado caer. Pero como tampoco esto es el blog de Punset, volvamos a Laurence J. Peter, y al libro que publicó en 1.969. El principio (de incompetencia) de Peter sentencia lo siguiente:

    En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse.

    Dos cuestiones se deducen:

    1. Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.

    2. El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.

    (jorgeduardonoro.com.ar)

    Lo que dicha teoría quiere decir es fácil de explicar. Un empleado hace su trabajo de una forma extraordinaria. El tío poco menos que es un genio. Un lince. Probablemente el mejor de la historia, no ya de la empresa sino de todas las empresas del ramo. Con escasísimos mimbres desempeña la labor que tenía encomendada de una manera absolutamente inimaginable y exitosa. En ese momento, en el que está en la cima, el mandamás de la empresa determina que como el empleado es tan bueno debe ascender en la jerarquía. Nuestro amigo acepta. Y ya, en el nuevo puesto, ese que había sido un fenómeno tantos años resulta que desempeña su nueva labor con unas lagunas evidentes. Con el ascenso se consiguieron dos cosas

    1. Romper un estrato del organigrama que funcionaba estupendamente cuando al gran artífice de aquello lo varías de puesto.

    2. Conseguir que ese nuevo estrato del organigrama también funcione mal porque quien era un crack en lo otro es un incompetente en esto.

    Un ejemplo burdo futbolero para que se entienda mejor. El mejor del equipo es Navas ¿no? Y como esto consiste en meter goles, el puesto tal vez más importante es el 9 ¿estamos? Pues bien: si pones al mejor (Navas) en el puesto más trascendente (de ariete) probablemente ni la huela. “Ascendiendo” a Navas has conseguido dos cosas: cargarte al mejor que había para el puesto y colocar a un incompetente en el puesto relevante. El perjudicado es el sujeto (en particular) y el equipo (en global).

    Por cierto que tampoco hay duda de que a Peter le cabía tela. Si no, no se explica como él mismo termina el libro pidiendo en alguna Universidad la cátedra de “jerarquiología” al estar plenamente capacitado para ello tras el profuso estudio realizado. Es decir: Peter no considera aplicable para él el Principio de Peter. De genio.

    Una variante en la que me detendré sólo para nombrarlo es el llamado “efecto halo” según el cual puedes pensar que si uno es bueno en una cosa puede ser bueno en otras por el “halo” que desprende. Se me viene a la cabeza Berlusconi, que, como era un fenómeno como empresario y colocó al Milán en la cima, la gente lo votó masivamente pensando que sería un gran Jefe de Estado.

    Pero la auténtica ramificación del Principio de Peter es el Principio de Dilbert. Si el profesor Peter tiene pinta de haber sido un cachondo mental, Scott Adams creador de la tira cómica Dilbert (que da nombre al Principio) lo era sin lugar a dudas. De hecho trabajaba como guionista cómico. El principio de Dilbert expresa lo siguiente:

    Las compañías tienden a ascender sistemáticamente a sus empleados menos competentes a cargos directivos para limitar así la cantidad de daño que son capaces de provocar

    (librolibro.es)

    Lo que empezó como una broma en la revista donde se publicaba Dilbert, se ha convertido con el tiempo en una corriente seria de pensamiento hasta el punto que muchos realmente creen en ella, aunque no al nivel del teorema del mono infinito de Borel, del que hablamos el otro día. De hecho, Guy Kawasaki, gerifalte de Macintosh y mano derecha de Steve Jobs en Apple dice que “Hay dos tipos de compañías, las que reconocen que son exactamente como la de Dilbert y las que también lo son pero aún no lo saben”. Este tal Kawasaki se ve a la legua que no vende motos.

    El principio de Dilbert, variante guasa del Principio de Peter, afirma que dentro de una empresa hay personajes tan incompetentes que lo mejor es quitarlos del medio ascendiéndolos. Así, al estar en una especie de púlpito, no se tienen que pringar en el trabajo del día a día que es donde realmente se cuecen las cosas. Viviendo en esa suerte de arcadia feliz derivada de un sueldo elefantiásico e inimaginable para su preparación, capacidad y categoría, ocupan un puestazo (por las razones que sea y que se le escapan al común de los bien pensantes) pero a la hora de la verdad pues tampoco pinchan y cortan mucho ya que cuando hay que jugarse las papas de verdad el que se encarga es el subordinado (para el día a día) o el jefazo supremo que es quien gestiona las cosas de mayor enjundia.

    No busques más que no hay.

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    8 Responses to Peter y Dilbert

    1. 2 junio, 2013 at 9:23 pm

      Yo me sé algunas de efecto halo aplicado al fútbol:

      -Como Serra Ferrer es muy buen entrenador sería un gran presidente.
      -Como Maradona es el mejor futbolista de nuestra historia seguro que es un gran entrenador. Pongámoslo de seleccionador.

    2. 2 junio, 2013 at 9:53 pm

      Saludos.

      Tengo una verdadera avalancha mental de nombres pero no los digo por el recato propio que me caracteriza.

      D. Alvaro, yo, de mayor, quiero decir las cosas que usted dice.

      Otra vez: magnífico.

      ¡Viva Dilbert! (y Peter)

      Un abrazo y cuídate.

    3. 2 junio, 2013 at 11:48 pm

      Hoy sólo te dejo una sonrisa y un guiño.

    4. 3 junio, 2013 at 9:39 am

      Una empresa en expansión decidió una vez contratar a un equipo de caníbales para trabajos propios de la misma bajo promesa de que no se comerían a nadie.

      Meses después desapareció un administrativo y preguntaron al jefe de la tribu, que se hizo el loco. Éste a su vez preguntó al grupo de caníbales hasta que uno reconoció habérselo comido. El jefe le reprendió diciéndole:

      – Ya te vale. Meses comiendo directores sin que nadie note nada y el señorito tenía que comerse un administrativo.

      Pues eso. El principio de Peter. Hay sitios donde se vuelven tan incompetentes, que no son capaces ni de ocultar su incompetencia. Y son capaces de llenar de incompetentes todos los estratos de la empresa.

      Acabando rezándole al TAS. Normal.

    5. 3 junio, 2013 at 10:49 am

      Hay tantos y tantos casos cuyo perfil se ajusta por completo a estos principios que creo que al final nos acordamos de muchos y obviamos ese al que, seguramente, te refieres.

      ¿O no te refieres a ninguno en concreto?

      Eso sí, espero que en el TAS decida el bueno y no el incompetente.

      Un abrazo.

    6. Alvaro
      3 junio, 2013 at 4:35 pm

      #1 Pues sí, querido amigo colussokukletil. El efecto halo en el mundo del fútbol se da como en pocos sitios. Es mucho más difícil ser entrenador de un equipo de élite para los no futbolistas que para los que los fueron. El ejemplo de Maradona es palmario, pero tenemos para aburrirnos. P.D. Brutal el post de las camisetas feas ;.)

      #2 No me ruborice, señor Ariza. Y deshiníbase. Cuídese mucho

      #3 Ya te dije, amigo, que ya Mahoma no va a la montaña, es la montaña la que va a Mahona. Me alegro que al menos la montaña te haya hecho pasar un buen rato.

      #4 y 5. Cada uno somos esclavos de nuestras palabras, dueños de nuestros silencios y sicarios de nuestras interpretaciones. Sería ignominioso por mi parte explicaros de que va esto. Y, lo que es mucho más grave, hacerlo sería un insulto a la inteligencia de sevillistas con un sentido común tan acusado.

    7. 6 junio, 2013 at 10:13 am

      Es ver a Dilbert y acordarme de este vídeo. Se lo dedico al amigo Carlos, si es que llega a leer este comentario: http://www.youtube.com/watch?v=TGG4NLzT4Po

      Un saludo!

      • 6 junio, 2013 at 12:45 pm

        Vaya. Yo pensaba que tenía el complejo de Peter, Peter Pan, y resulta que tengo el don de Dilbert. Lo que no se es donde lo he puesto. Como lo haya perdido….

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