• Miradas

    by  • 4 abril, 2013 • Sin categoría • 12 Comments

    (Escuchando de fondo «Joder, Cristina» de Siniestro Total)

    Ahora que ya somos más gente por aquí, vamos a hacer una cosita nueva. Será una especie de juego de interacción inspirado en un experimento sociológico y con incidencia en la actualidad donde se expondrá un caso, se recopilarán los comentarios, y a las 24-48 horas lo tratamos.

    Primer caso

    Imagina que entras en un urinario público y te encuentras con algo de esto ¿Actuarías igual que siempre? ¿Te daría igual ponerte en uno que en otro?

    (Foto: baluart.net) (Foto: tonterias.com)

    Segundo caso

    Imagina que después una noche de juerga conoces a una periquita separada de buen ver y triunfas. La chavala ha dejado el niño con su ex y te invita a un terminar la noche en su casa. El caso es que cuando llegas al catre te encuentras un enorme crucifico encima de la cama, con un señorial Cristo yacente presidiendo la habitación. Y no contento con eso, en la mesilla de noche una foto grande del niño de la guayabo, con unos escrutadores ojos que se te clavan. ¿Dejas todo como está y actúas con la lascivia que tenías prevista? ¿Retiras el crucifijo y lo llevas a otra habitación? ¿Le echas la chaqueta por lo alto a la foto del puñetero niño que no te aparta la vista?

    (foto: lasextareflexion.com)

    Las formas de interactuar son varias. A gusto del consumidor

    • Preferiblemente por los comentarios realizados aquí mismo.
    • Por correo electrónico a las direcciones del blog.
    • Por twitter si la respuesta es corta.

    En un par de días comentamos las respuestas, lo hilamos con el tema principal en cuestión y nos vemos aquí para la segunda parte.

    ¡Ah! Y, por si hay alguien que lo duda (que imagino que no), por supuesto que hablamos del Sevilla.

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    12 Responses to Miradas

    1. cornelio
      4 abril, 2013 at 10:27 pm

      El primer caso incluso me lo tomaría a broma.Es algo planteado por alguien ajeno a ti que busca una reacción. Los mirones son totalmente desconocidos.

      El segundo es más cortante, en todo lo que la rodea a la chavala va su forma de ser. La foto del niño te mira a ti, porque puedes pensar que aparezca en calquier momento, en tu imaginación, o la suya.

    2. 5 abril, 2013 at 8:19 am

      Venga va, vamos a participar a este juego, a ver qué nos depara.

      En el primer caso, desde luego si yo entro a unos servicios y veo esa imagen me descojonaría bastante e incluso, si no hubiera nadie probablemente me pararía unos segundos a observar las imágenes. Si hubiera alguien pues me situaría en el retrete que marcan los cánones.

      Respecto del segundo caso, como la edad a priori no me permite imaginarme eso con cierto realismo, voy a contaros un caso real que se puede aproximar y haré la analogía al final con lo que creo que me pasaría. Resulta que no hace mucho estuve con una perica de padres divorciados que vivía con su madre y para liarnos usábamos frecuentemente su cuarto, estuviera la madre o no. Al principio me resultaba incómodo pero te acabas acostumbrando, pero un día, unos amigos de la familia que pasaban por Sevilla se quedaron a dormir en su casa pero a esta perica se le antojó un poco de mambo esa noche así que acabamos en el mismo sitio de siempre.

      Yo como buen hombre español rematé la faena, pero madre mía qué mal rato. No sé si volvería a hacerlo. Así que pensando en la imagen del niño, me incomodaría bastante y no sé yo si seguiría… El cristo/buda o similares, me daría completamente igual. No creo en nada de eso.

      Pues nada, ahí dejo mis respuestas. A ver con qué nos sorprendes, Álvaro. Un saludo.

    3. 5 abril, 2013 at 8:24 am

      Pues poco te voy a aportar en ambos casos. Yo actuaría con absoluta indiferencia en los dos.

      En el caso de los urinarios, si la ocupación lo permite (están vacíos o semi) y la urgencia no es grande (no se ha alcanzado la fase «quememeotoa») pues lo mismo me paro a elegir donde micciono, pero con un criterio más lúdico que pudoroso.

      Pero ninguna de las dos situaciones me condicionarían a la hora de actuar.

      Creo.

    4. 5 abril, 2013 at 8:56 am

      Bueno, pues va mi aportación.

      En el primer caso elegiría el retrete a posta. En concreto uno de aquellos con cara de sorpresa por el minúsculo tamaño. Por dos razones, la primera porque debe ser bastante divertido, y la segunda porque ya lo dice el refrán: dime de que presumes y te diré de que careces.

      Y en el segundo caso creo que actuaría con total normalidad, porque estamos hablando de una noche tan solo no?

    5. 5 abril, 2013 at 10:25 am

      ¡Qué mamón! ¿Pretendes sacar lo peor de nosotros, descubrir lo que hay oculto detrás de la educación y el saber estar’ ¿Qué preguntas son estas? Sobre todo la segunda…

      Buenísimo. No me lo pierdo por nada del mundo. Ahí voy.

      La respuesta a la primera pregunta, en mi caso, es clara. Me da exactamente igual. ¿Tú sabes en los sitios tan variopintos donde me he aliviado yo? Hablo de cuando era mucho más joven y no tenía ni vergüenza, ni quien me la pusiera. En cualquier pared, en medio de una carretera, a la vez que andaba (haciendo el chorra con amiguetes y un poco pasado de rosca), incluso a las orillas del río Rhin, en una anécdota que no voy a contar aquí porque esto lo puede leer cualquiera. ¿De verdad alguien cree que me voy a cortar por que pongan una fotito delante del urinario?

      Respecto a la segunda…, si conoces a alguien por la noche, es razonable pensar que has estado bebiendo. La respuesta puede variar en función de la cantidad que hayas bebido (obviaremos otro tipo de depresores o estimulantes). A mí, sobrio, no me verás jamás yéndome con nadie en ese plan el primer día. No es por nada, es que para que eso suceda, dada mi forma ser, me lo tendría que pedir ella casi de rodillas. Y, seamos francos, es más fácil que Babá sea Pichichi de la liga española. No es por timidez, es porque yo no soy una persona precisamente amable cuando se me conoce de primeras. Se requiere de un poco más de trato para llegar a comprenderme.

      Ahora bien, con sus varias copas de más, la cosa varía por completo. Y conociéndome, no creo que me cortase un crucifijo o una foto. Es que creo casi que ni los vería. Y de verlos, no descarto hasta que me motivase incluso más.

      Todo ello teniendo en cuenta que en ningún caso se podría producir algo así en mi estado actual: casado y padre de familia. Es solo un suponer.

      Un abrazo, artista. Sigue superándote.

    6. 5 abril, 2013 at 10:58 am

      «Cuando las ganas de follar aprietan, ni las tumbas de los muertos se respetan»

      Este simpático dicho responde a la segunda pregunta, al carajo el crucifijo, la foto del nene, el ojo de cristal que lleva la tía y del que te acabas de dar cuenta e incluso que al quitarle las bragas tenga un cuidado y frondoso bosque salvaje. De perdidos al río.

    7. 5 abril, 2013 at 2:46 pm

      Álvaro, el objetivo es el objetivo, y lo accesorio sigue a lo principal aunque incomode.

    8. Alvaro
      5 abril, 2013 at 3:45 pm

      Bueno, bueno…
      Gracias a todos por los comentarios por las distintas vías habilitadas.

      Me he partido de risa con todos, en especial con la anécdota de Shumy y con los desvaríos del gran Ravesen. No era necesario ser tan explícito. De todas formas «el primero del segundo» de los casos (ligoteo + crucifijo) está basado en un hecho real que le pasó a un amigo en un verano de hace algunos años. Retiró el crucifijo y lo volvió a poner. De verdad de la buena.

      Por cierto que como parece que, increíblemente, el Lorenzo sale en este Glasgow de nuestras entretelas, voy a aprovechar para quitarme un par de días del medio de forma virtual y aprovechar las bondades del litoral huelvano. Por tanto, la segunda parte con los resultados e interacción del experimento con la actualidad sevillona tendrá que esperar al menos al domingo por la tarde. Además, aprovecho y doy tiempo a los rezagados

      Una vez más, gracias

    9. Eugenio el de los chistes
      5 abril, 2013 at 3:58 pm

      Joder, qué cosa más molona. Una versión 2.0 del periodismo de investigación y económía del amigo Álvaro. Qué sitio, qué mina, cómo mola…

      Venga, voy. Con sinceridad y el corazón -la minga, en este caso- en la mano:

      Al respecto de los urinarios con fotos de jamelgas en diferentes poses, yo es que soy muy maniático pa eso del mear. Yo, siempre que se puede, hago pis en los cubículos con puerta y retrete, en los que la intimidad está garantizada. Y no porque yo guarde el tesoro de Willy el Tuerto en mis gayumbos; ni tampoco porque la vergüenza de mis miserias me haga huir del descojone que provoco al exhibirme. Simplemente porque servidor es más limpio que las churras del oro, y siempre se seca el mandao con papel higiénico después de mear; como parece que tan nórdica costumbre sigue sorprendiendo por este Sur nuestro, para evitar miradas rarunas y comentarios chistosos, ojos que no me ven el mandao, corazones que no sienten. Esa es mi norma. Pero, como siempre hay ocasiones en las que toca la excepción, y la de las fotacas bien podría ser una de ellas, en ese caso mi elección sería la de la muchacha más maciza y/o morbosa. En el caso de las que Álvaro utiliza en su test, de cabeza que iba para el meódromo de las japonesitas cachondas; el Sol Naciente me pone más fácil que la tabla del cero.

      En el caso del polvo potencial con Cristo en la Cruz y Federiquín a tamaño A4 en un marco dorao como testigos, ahí sí que no hay excepción posible. Hay líneas que una vez se cruzan ya no tienen vuelta atrás. No en esa misma noche, al menos. Y cuando de lo que trata es de enterrar el muñeco, después de una noche de copas y flirteos, prietas las filas y que Dios recoja a los suyos. Pero a la mañana siguiente; esa noche, hasta el infinito y más allá. La guarrerida es la vida.

      Resumiendo. En el primer caso, no voy; pero si hay que ir por cojones, que sea mirando a unos ojos de esos que te hacen mascullar entre dientes un «yo te daba a ti to lo tuyo y to lo de tu prima». En el segundo caso, ni yo tengo el dinero necesario para ser tan delicao como para que el entorno me molestase, ni iba a ser ésa la peor garita en la que me hubiera tocao hacer guardia.

      Ahora espero con impaciencia el análisis y sus conclusiones. Un análisis y unas conclusiones que, visto lo visto, van a ser la polla, fijo.

      • 5 abril, 2013 at 7:12 pm

        Jajajajajajajajaja. Me suena el autor de este estilo literario.

    10. 5 abril, 2013 at 9:19 pm

      En el primer caso: no tengo ni idea delante de qué imagen mearía pero sí sé que intentaría dibujar mis iniciales en la pared.
      Como siempre

      En el segundo caso: yo es que ni soy religioso, ni.capillita ni nada que se le parezca. De hecho guardo un recuerdo lujurioso de cierta película de monjas (que no tiene ningún mérito, porque ese cine que se intercambiaba secretamente en cintas de VHS durante nuestra adolescencia tenía la capacidad de asociar la lujuria a cualquier tema imaginable, incluso una de sus principales estrellas era la viva imagen de Mario Bros.).
      Y lo del niño.., pues qué queréis que os diga: A los 20 tacos que un ligue te dijera que era madre te cortaba un poco el punto. Pero en ciernes de cumplir 40, se da por hecho. Además tiene su miga ser ese personaje de las pelis que se acerca al chaval y le dice: » Me llamo tal, y soy un entrañable amigo de tu madre».

      Buen finde a todos.

    11. 5 abril, 2013 at 11:37 pm

      Como dice el amigo antonio, el objetivo es el objetivo. Puestos a evacuar aguas menores pues que lo vea una chati no intimida. Y lo de rematar la faena con crucifijo y foto del niño, para qué te voy a contar… hasta el infinito y más allá

      PD: Al amigo Eugenio tendrías que buscarle un rinconcito en este antro jajaja

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