• El dilema del erizo

    by  • 10 agosto, 2012 • Sevilla • 1 Comment

    (Publicado originariamente en columnas blancas)

    En cierto capítulo de los Simpsons, Lisa le dice a Homer aquello de que más vale permanecer callado y parecer estúpido que abrir la boca para demostrarlo. A mi mente vino esa escena cuando le comenté a algunos amigos que tenía pensado escribir algo sobre el escabroso tema de los Biri’s y el Consejo. Si a ello le sumas que esta Sevilla nuestra, inquietante y novelera a más no poder, no es más que un pueblo grande donde que se escuchan ciertas cosas que son para echarse a temblar sólo con que la mitad de la mitad sean ciertas, pues la sensación de hacer el imbécil perdiendo el tiempo en escribir unas líneas sobre la guerra civil sevillista se acrecienta. Sin embargo, tras lo vivido en el Trofeo Antonio Puerta el cuerpo me pide comisaría. Y no me resisto.

    Otro filósofo, también destacable pero de mucho menor calado que Lisa Simpsons, fue Arthur Schopenhauer quien en 1.851 planteó un problema de imposible solución conocido como “El dilema del erizo o del puercoespín” que parte de la siguiente premisa: en los días de frío, los erizos tienden a juntarse para intentar paliar los rigores del invierno. Sin embargo sus afiladas púas propician que demasiado acercamiento les lleve a lesiones lastimosas cuando no la muerte. ¿Cómo se soluciona esto? Es apariencia no hay solución ya que si no se acercan fallecen por hipotermia, pero si se acercan mucho mueren clavándose de forma recíproca las púas con las que cada uno cuenta individualmente.

    Estamos ante uno de los temas más espinosos y peliagudos que recuerdo haber vivido, principalmente porque yo no sé por donde va a salir todo esto. Aquí no es si Jiménez sí o no, que si Monchi firma mejor cuando está tieso y demás cuestiones que en el fondo no eran más que las disquisiciones futbolísticas inherentes a una afición que está viva. Este tema tiene una cantidad de aristas tal que resulta absolutamente imposible saber sus consecuencias. En lo único que seguro estamos de acuerdo el 100% de los sevillistas es que todo lo que se ha montado sólo puede perjudicar a nuestro club. El tema, como digo, es de complejidad máxima siendo necesario manejarlo con una mano izquierda cubierta de un guante de seda de la mejor calidad existente. Por otro lado, tú hablas, lees, escuchas, comentas, y notas un tufillo a guerra civil que asusta. Y, sentado en la grada del partido contra el Dépor, uno no puede más que tener sensaciones extrañas y contradictorias cuando ve lo que ve. Parece que o te alineas con un bando o estás contra ellos. Hagas lo que hagas y digas lo que digas, siempre hay alguien que se molesta. Como decía mi padre, tires por donde tires siempre te coge Ramírez.

    No me atrevo a decir si las medidas del Consejo son las correctas o no y si pecan por defecto (como dicen algunos) o por exceso (como dicen otros). No sé si el comunicado de los Biri’s fue excesivo, se quedó corto o si tenía medias verdades. Me faltan datos como para dar una opinión lo suficientemente formada sobre el particular. Tampoco voy a dar mi opinión (que la tengo, yo estuve allí) sobre los acontecimientos vividos en el gol norte en la noche del trofeo homenaje a nuestro Antonio. La verdad es que todo eso, en contra de lo que puede parecer, me interesa poquísimo ahora. El problema es el que es, ya está aquí, y ahora en mi opinión todos y cada uno de los esfuerzos tienen que estar dedicados a sacar al sevillismo de este atolladero. Y eso no lo veo. Ni por los que pitan, ni por los que pitan a los que pitan.

    El invierno sevillista de la 2012-2013 tiene pinta de ser cruel por lo que el erizo necesita una solución. Porque, en el fondo, el puercoespín tiene unas púas que le dan una apariencia de fortaleza tremenda pero es solo eso, apariencia. En realidad esa capa amenazante no hace otra cosa que cubrir una piel endeble y sensible. Muy sensible. Y el erizo A lo sabe porque en el fondo es igual que el erizo B. Ambos saben como es el otro porque, sustancialmente, se componen de la misma materia. Ambos saben que se necesitan mutuamente. Que uno sin el otro no tienen razón de ser.

    Dios me libre de comparar temas serios con la porquería esta del fútbol pero hago la siguiente analogía para ilustrar lo que quiero decir. Hasta los terroristas con los gobiernos se han sentado a dialogar para intentar llegar a acuerdos y soluciones. Y en muchas ocasiones se ha conseguido. ¿No vamos a ser capaces en el Sevilla? Todos, todos, todos, tenemos como premisa el amor por unos colores. A diferencia de otros procesos aquí los dos bandos existentes (me horroriza emplear esa expresión) tienen o deben tener el mismo fin común: el Sevilla. Por tanto se me antoja como absolutamente imprescindible el diálogo y la mediación para deshacer el enquistado entuerto en el que estamos metidos.

    Que sí. Que ya lo sé. Que yo estuve allí y que hay ciertas cosas que no se pueden olvidar. Pero queda un suspiro para que el balón empiece a rodar y no es hora de reproches sino de soluciones. No es hora de acusaciones mutuas que a nada bueno llevan. No es hora del “Y tú más….” o del “Ya. Yo soy tal, pero es que tú….”. Es momento de que ambas partes cojan el toro por los cuernos y de que alguien dé un paso adelante. Ahora toca que ambos se aflojen un poquito el cinturón (sólo lo suficiente para que no se le caiga el pantalón) y piensen un poquito en el todo antes que en la parte. En este sentido veo imprescindible la figura de un mediador, de una persona conocida y respetada por ambas facciones que sea quien lleve la voz cantante en este proceso. Un mediador que sea persona respetada por todo el sevillismo, que conozca cómo se mueve esto, que sepa de qué pie cojean Biri’s y Consejo y que sepa que el esfuerzo va a ser durísimo pero la satisfacción máxima al conseguirlo.

    En el fondo yo tengo clarísimo qué haría si fuese el erizo de Schopenhauer. Yo me la juego para que nadie me pueda reprochar no haberle echado huevos. Prefiero morir habiéndolo intentado que perecer por inanición. La clave está en tener inteligencia para saber dónde me debo detener y dónde está justo el punto intermedio para acercarme lo suficiente sin morir. Juntarse sin cruzar la líneas rojas. Si del acercamiento ambos nos herimos, ya habrá tiempo para curarse.

    Termino este post citando a Luis Cernuda que parece ser que también conocía la parábola de Schopenhauer: “Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos”. Desconozco la filiación futbolística (si la tuvo) del sevillano Cernuda. Pero si además de poeta hubiese sido sevillista y vidente, tal vez hubiese sustituido la palabra “amor” por “fútbol”. O por “Sevilla”.

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    One Response to El dilema del erizo

    1. Teo
      30 noviembre, 2012 at 4:29 pm

      Lisa Simpson toma prestada la frase de Groucho Marx, otro gran filósofo.
      Interesante reflexión, también yo me acercaría hasta pincharme quizá.

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